El Viernes Santo conmemoramos la crucifixión y muerte del Señor, por eso para los cristianos es un día de silencio y de penitencia.

En este día la Iglesia no celebra la Eucaristía, pero los cristianos nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios, meditar en el significado de la muerte de Jesús, orar por todos, especialmente por los que sufren, adorar la Cruz y recibir la Comunión.

A lo largo del día, en las iglesias y en las casas, los cristianos recordamos el camino de Jesús hasta el Calvario (Via Crucis, camino de la Cruz), donde fue crucificado: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid, a adorarlo”.

Meditamos también las Siete Palabras que pronunció Jesús durante su pasión, tal como las han recogido los Evangelios: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.

Las campanas no suenan en este día ni el sábado hasta la noche de la Pascua. De no ser por la pandemia, en este día saldrían en pueblos y ciudades las procesiones con las escenas más significativas de la pasión del Señor.

Acompañemos a Jesús con nuestra oración. Y participemos en alguna de las celebraciones o encuentros de la Iglesia.