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Ante decenas de miles de fieles, el Papa Francisco ha manifestado de nuevo el domingo su «cercanía a las Misioneras de la Caridad por el asesinato de cuatro religiosas en Adén, Yemen, donde ayudaban a los ancianos», señalando que rezaba también «por las demás personas asesinadas, y por sus familiares». Se refería a otras doce personas en las que figuran el chofer y varios colaboradores del asilo.

De las cuatro Misioneras de la Caridad, Marguerite y Reginette eran de Ruanda, Anselm de la India y Judith de Kenia. Las cuatro eran consciente del riesgo que corrían, y no solo por la guerra y los ataques yihadistas, pues las hijas de Madre Teresa habían sufrido ya el martirio de tres religiosas en Yemen en 1988: Zelia y Aletta de la India, y Michael de Filipinas.

Pero decidieron permanecer en su asilo de Adén sirviendo con sus manos a los ancianos y discapacitados de un país de veinte millones de habitantes, en su casi totalidad musulmanes, pues los católicos son menos de un millar.

En tono dolido, Francisco añadió al margen del texto escrito que «estos son los mártires de hoy. No salen la primera página de los periódicos. No son noticia, pero dan su sangre por los demás».

En su opinión, hay más culpables que los aparentes, pues esas personas en Adén, «han sido víctimas de sus asesinaos, pero también de la indiferencia, de la globalización de la indiferencia…».

Aunque ya había manifestado inmediatamente su pésame en telegramas nada más conocer la noticia, el Santo Padre quiso rendir de nuevo homenaje -durante el Ángelus de un domingo extraordinariamente soleado y luminoso- a las religiosas de Madre Teresa, que conocían perfectamente los riesgos de seguir trabajando en Adén.

Corredor humanitario

Al mismo tiempo, el Papa aplaudió y manifestó su «admiración» por el sistema de «corredores humanitarios» que ha permitido comenzar a evacuar en vuelos directos a Italia -sin riesgos y a un costo mucho menor que los traficantes-, las primeras familias de refugiados de Siria, entre los cuales figuras, según mencionó, «niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos, y ancianos».

Francisco hizo notar que «es una iniciativa ecuménica, apoyada por la Comunidad de San Egidio, la Federación de Iglesias Evangélicas Italianas y las Iglesias Valdenses y Metodistas».

Esta última comunidad, la Iglesia Valdense, que se ha fundido con la Metodista, ha sido recibida por el Papa en el Vaticano el pasado sábado, por primera vez en sus setecientos años de historia en Italia, marcada con frecuencia por desprecios y persecuciones.

Tomado de www.abc.es