Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

Al atardecer, Jesús se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»

¿Hemos traicionado alguna vez a alguien? ¿Nos hemos sentido traicionados alguna vez por alguien?

San Vicente de Paúl nos invita una vez más: «formemos nuestros afectos sobre los de Jesucristo, a fin de que sus pasos sean la regla de los nuestros en el camino de la perfección».