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El ministro de Educación en funciones, Íñigo Méndez de Vigo, ha cambiado también la reválida de 4º de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) que diseñó su predecesor, José Ignacio Wert, cuando el PP gobernaba con mayoría absoluta. La evaluación final que todos los alumnos de España de entre 15 y 16 años tendrán que realizar a partir del año que viene ha sufrido modificaciones de calado en los últimos meses, al igual que lo ha hecho la prueba de 2º de Bachillerato, que, al final, será muy parecida la actual Prueba de Acceso a la Universidad (PAU).

Los borradores del proyecto de real decreto y de la orden ministerial que regulan ambas reválidas, a los que ha tenido acceso EL MUNDO, confirman lo que ya apuntó Méndez de Vigo la semana pasada para la prueba de Bachillerato: con la de la ESO tampoco se hará el mismo examen el mismo día en toda España, como estaba previsto inicialmente.

Si se compara la versión anterior –colgada en la web del Ministerio con fecha de marzo de 2015– con la actual, se observa que el reparto competencial ha cambiado: ahora tienen más peso las comunidades autónomas y menos el Estado. De este modo, han desaparecido frases clave, como la que decía que «las pruebas serán confeccionadas por el Ministerio de Educación» y «la aplicación corresponde» a las comunidades autónomas o la que señalaba que «el Ministerio fijará en cada convocatoria las fechas, características y condiciones de aplicación y corrección de la evaluación». O incluso la que indicaba que «la prueba se aplicará de forma simultánea en todo el sistema educativo español».  

Ahora serán lo gobiernos autonómicos los que se encargarán de poner la fecha, determinar el lugar y establecer la «realización material» de las evaluaciones, lo que implica, sobre todo, que redacten las preguntas, pero también que elaboren guías de codificación y corrección, se coordinen con los institutos y universidades, designen los tribunales y los profesores externos que las corrigen y resuelvan todas las reclamaciones.

Se crea, eso sí, una figura nueva que no aparecía en el antiguo borrador: una «comisión central» formada por representantes del Gobierno (las autonomías y los rectores están invitados, pero no tienen voto) que cada año propone el «diseño» y los «contenidos» de las pruebas.

Las pruebas pierden, de este modo, parte de su carácter centralista y uniformizador, aunque, según algunas voces de la comunidad educativa, siguen siendo «demasiado intervencionistas». Por ejemplo, «entran mucho en detalle» a la hora de definir cómo serán las preguntas.

Se reduce el número de preguntas

Los borradores establecen que los alumnos de 4º de la ESO se examinen de cuatro asignaturas troncales (Geografía e Historia, Lengua, Matemáticas y Lengua Extranjera), más dos materias de opción del bloque de las troncales, más una materia específica. Es decir, siete en total.

En 2º de Bachillerato serán ocho asignaturas: cinco troncales (Filosofía, Lengua, Historia de España, Lengua Extranjera y, según lo que haya cursado el alumno, Matemáticas, Latín o Arte) más dos materias de opción, más una específica.

La nueva versión añade que cada una de las pruebas tendrá una duración de 60 minutos en la ESO y de 90 minutos en Bachillerato, con descansos mínimos entre sesión y sesión de «15 minutos» en el primer caso y de «20 minutos» en el segundo. Las evaluaciones tendrán «una duración de un máximo de cuatro días», aunque las autonomías con lengua cooficial podrán tardar «cinco días».

También concreta que «cada una de las pruebas comprenderá un número máximo de 15 preguntas», lo que implica que se reduce de forma considerable la duración respecto a lo previsto por Wert.

El decreto anterior contemplaba el triple de preguntas -un máximo de 350- y, además, preveía que fueran todas de tipo test, salvo las de expresión oral y escrita. Ahora, aunque se permite el uso de este formato, habrá preguntas abiertas y semiabiertas «que requerirán del alumnado capacidad de pensamiento crítico, reflexión y madurez» y que deberán resultar «atractivas y motivadoras, cuidando las imágenes, tablas y gráficos empleados y otras características formales».