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—¿Qué opina de esa escuela de Brooklyn que incluye la ambición en su curriculum? ¿Esto sí se puede enseñar?

—Gregorio Luri: Se puede mostrar, que es más importante. El principal órgano educativo de los niños no es el oído, sino el ojo: aprenden por impregnación. Lo que ven es que la ambición se estimula en el mundo del deporte, de la empresa y otros muchos, pero en la escuela se ha hecho sospechosa. Esto es terrible. Sin embargo, ¿qué es educar, sino hacer apetecibles las posibilidades más altas de cada uno? ¿Y cómo se pueden ni tan siquiera visualizar estas posibilidades si no se es ambicioso? Yo defiendo el deber moral de ser inteligente, que es el deber de no mutilar ni nuestra inteligencia ni la mejor versión de nosotros mismos. Me resulta más estimulante una efectiva movilidad social que una mediocridad equitativa. ¿Qué confianza en sí mismo puede tener un país que no hace apetecible el talento? ¿Qué futuro le corresponde a un país en el que solamente el 3% de sus universitarios desea montar su propia empresa?

—En cualquier caso, parece que gran parte de la comunidad educativa está convencida de que hay que cambiar la escuela tradicional.

—Gregorio Luri: Pero el 90% sigue utilizando libros de texto. No existe algo que pueda identificarse como escuela tradicional en oposición a una supuesta nueva escuela. El trabajo por proyectos tiene cien años y la escuela progresista basada en las metodologías de Dewey fue mayoritaria en los Estados Unidos en los años treinta. De hecho producir auténtica innovación es mucho más difícil de lo que parece. Conviene no diferenciar la necesidad que algunas escuelas tienen de mostrarse distintas con el rigor científico. Propongo un sencillo ejercicio. ¿En qué fecha creen que fue escrito el siguiente texto?: «los adultos de mañana se enfrentarán con problemas cuya naturaleza hoy no nos podemos imaginar. Tendrán que vérselas con trabajos que aún no han sido inventados. Necesitan un curriculum que les enseñe a hacer preguntas, a explorar, a interrogarse, a reconocer la naturaleza de los problemas y cómo resolverlos». Parece de la mayor actualidad, pero fue escrito por Peter Mauger en 1966.

Hoy, como entonces, sigue siendo imprescindible poseer una buena competencia lingüística, dominar al menos un idioma extranjero y poseer una buena base en matemáticas y a medida que la información disponible aumenta gracias a las nuevas tecnologías, más relevante es el conocimiento que permite identificar el conocimiento valioso. Sin embargo es cierto que estamos asistiendo a un cambio que puede tener importantes repercusiones: La intromisión de las empresas tecnológicas en las escuelas, que se han convertido en un sector con cada vez mayor capacidad de consumo. No me parece que lo hagan sin intereses comerciales. Legítimos, sin duda, pero que son suyos, no necesariamente de la escuela.

 

Tomado de www.abc.es