Hoy comienza la Semana Santa y lo hacemos recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Aclamamos «al que viene en el nombre del Señor», humilde, despojado, sereno, decidido a dar la vida por amor, en un gesto de soberana libertad.

Los aplausos y cantos de esta jornada se transformarán en acusaciones, golpes y burlas en unos días. Es la cara y la cruz de la vida… Un día aplausos, otro día condenas.

Sin embargo, Jesús continúa con su misión: apoyado en el buen Padre Dios anuncia a todos su cercanía y amor. Él carga con la injusticia y el dolor de nuestro mundo y nos lleva hacia la resurrección y la vida.

Nosotros queremos estar con Él y recorrer estos días un camino de amor y de cruz que culminará el domingo de Pascua con el anuncio de la Resurrección. Jesucristo, el Hijo de Dios, que se entrega hasta la muerte por nosotros, resucita y está presente en la Iglesia y en el mundo.

Con razón, decía San Vicente de Paúl: «Cuanto más nos asemejemos a nuestro Señor despojado, más participaremos de su espíritu».