No busquéis entre los muertos a Aquel que es la Vida.

¡CRISTO RESUCITÓ! La muerte está vencida.

Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Creemos en ti, Señor Jesucristo, tú que por nosotros diste la vida. Creemos que, Resucitado, vives eternamente en la gloria del Padre y, por la fuerza de tu Espíritu, acompañas nuestros pasos vacilantes.

Tu Resurrección es la novedad que no envejece, la mano extendida que nos levanta, el bálsamo que cura nuestras heridas, el consuelo que nos calma, la brisa que seca nuestras lágrimas, la paz que nos revigoriza, la fragancia que perfuma el mundo, la palabra definitiva del Amor.

Hoy te pedimos solamente la gracia de vivir contigo, consolados por tu compañía, confortados por tu amistad, despertando nuevas auroras de Resurrección en nosotros y a nuestro alrededor, hasta que, en la eterna luz en que habitas, nuestras oscuras noches se conviertan en claro día. Amén. Aleluya.