LA CLASE DE RELIGION EN LA ESCUELA     En estos días comenzamos a preparar el nuevo curso escolar, ya que lo importante debe ser bien preparado y no ser dejado a la improvisación. En la carta de hoy me refiero a un aspecto que sin duda los padres católicos han tenido en cuenta y continuarán considerando con esmero: la formación religiosa y moral de sus hijos en la escuela.          Ante todo quiero manifestar el agradecimiento a los padres de los alumnos que optaron libremente a favor de la enseñanza de la religión católica el curso presente y años anteriores. Ejercitan de esta manera la responsabilidad que les compete en la educación de sus hijos, solicitando la colaboración de los profesores de religión en los respectivos centros escolares. Los hijos son los primeros beneficiarios de esta oportunidad que en orden a la educación integral es muy importante, ya que la religión y moral católicas son decisivas para la orientación de la vida. 

        Los datos recogidos en 62 diócesis españolas muestran el alto aprecio que se reconoce a la clase de religión católica. El tanto por ciento de alumnos que frecuentan la clase de religión en el curso actual es del 75.5%, contando quienes lo hacen en centros estatales (68.5%), en centros de iniciativa social de titularidad católica (98.3%) y en centros de iniciativa social de titularidad civil (75.8%). El porcentaje es de 84.9% en educación infantil, de 84.1% en educación primaria, 63.0% en ESO y 48.9% en bachillerato. Como en años anteriores la mayoría de los padres eligen la enseñanza de la religión católica para sus hijos en las etapas de educación infantil y primaria; los propios alumnos son quienes con frecuencia optan personalmente en educación secundaria y bachillerato. A todos agradezco su elección; y animo a padres y a hijos a que continúen, y si es posible, incrementen la opción de la religión católica. Aunque a veces haya que hacer un esfuerzo particular para cursar la religión, merece la pena emplear tiempo y dedicación. ¡Animo, queridos amigos y amigas! Todavía hay centros escolares en los que por unas razones u otras, por unos pretextos u otros, no se ofrece de hecho a los padres y a los mismos alumnos y alumnas la oportunidad de la clase de religión católica, que es un derecho reconocido a cada persona en nuestra regulación escolar. Nadie está obligado a cursar la religión católica, pero a todos se debe posibilitar en concreto, sin subterfugios, usufructuar su derecho.

Muestro mi gratitud a quienes se ocupan del cumplimiento de este deber de los centros y de este derecho de padres y alumnos: A los profesores, asociaciones, padres de familia, sacerdotes, religiosos, seglares. Lamentamos la situación que persiste en algunos lugares, ya que se priva a bastantes de la formación religiosa y moral católica, que contribuiría decisivamente a su formación integral.          Aunque en ciertos momentos arrecien las críticas, debemos profundizar en la convicción de que en la Iglesia, en este caso a través de la clase de religión en la escuela, aprendemos teórica y prácticamente a apreciar la dignidad de la persona humana, el valor de la vida personal en todos sus estadios y situaciones, la preocupación por los pobres y necesitados, la dilatación de nuestra mirada hacia las dimensiones del mundo para hacer de la humanidad una familia de hermanos y hermanas, el cuidado de la creación que debe ser compartida de tal forma que podamos beneficiarnos ahora todos sin exclusiones y las generaciones que vengan posteriormente. En la clase de religión y moral católica se transmiten motivaciones, razones y orientaciones para vivir moralmente a la altura de la dignidad humana, para constituir una familia sobre sólidos fundamentos, para comprometernos como ciudadanos y ciudadanas en el bien común de la sociedad. La formación plena e integral del alumno comporta educación de la razón, de la voluntad y de la conciencia. Cuanto mayor sea la dificultad experimentada en una coyuntura particular, tanto mayor debe ser nuestro empeño a favor de las personas y de todo lo humano. No nos resignamos ante los problemas; más bien, nos sentimos estimulados a un trabajo más cualificado y perseverante. En ninguna situación, y menos en la actual, podemos ser indiferentes a la importancia de la clase de religión. Queridos padres y alumnos, preparad ya el curso próximo solicitando la clase de religión y moral católica. Recordémonos unos a otros esta oportunidad para la formación integral y exijamos el cumplimiento de los deberes de unos para garantizar los derechos de otros. Bilbao, 17 de marzo de 2008Mons. Ricardo BlázquezObispo de Bilbao