La psicóloga en terapia familiar Ester Martínez participó ayer en una escuela de padres en el colegio Paúles de Barakaldo, donde habló de las herramientas para transmitir valores

A menudo, los padres también deben acudir a clase. La psicóloga experta en terapia familiar Ester Martínez, autora de varios libros en la materia, fue ayer su profesora en el colegio Paúles de Barakaldo gracias a unas jornadas gratuitas organizada por la asociación cristiana Beraca, que se desarrollaron de 10 a 14, y de 16 a 20.00 horas.

¿Qué es lo que más preocupa a los padres actualmente?

– El futuro de sus hijos. Estamos en un mundo en crisis en todos los sentidos. Preocupan la violencia que hay alrededor, las adicciones, incluso a las nuevas tecnologías, el sexo en fases muy tempranas de la vida… En un mundo con tanta información, todos los padres estamos bombardeados por noticias terribles, y la forma de transmitir valores es siendo modelo de los mismos.

¿Cuáles son las edades de riesgo?

– Cada vez van bajando más. Tenemos grandes problemas de comportamiento por haber perdido el concepto de autoridad. No hay psicólogo que pueda defender que un niño sin límites saldrá bien. Necesitan un hogar sin violencia, donde se establezcan pautas de convivencia correctas.

¿Los padres han perdido la autoridad que tenían?

– En aras de huir de un autoritarismo de tiempos no muy pasados, hemos caído en el peligro de perder la autoridad. El autoritarismo se impone por la fuerza y la autoridad se consigue con coherencia. El problema es hacer entender a los hijos que no somos sus amiguetes, que somos sus padres, y que durante unos años de su vida tienen que someterse a unas normas, valores y principios que van a ser buenos para ellos.

Los primeros años

¿A qué edades se debería comenzar a trabajar en esos valores?

– Los jesuitas, que son grandes educadores, decían: ‘Dame un niño hasta los seis años y haré de él lo que quiera’. Los primeros años de vida son imprescindibles, pero alguien también dijo una vez que deberíamos empezar a educar a nuestros hijos 25 años antes de que naciesen, porque dependen de cómo nosotros hemos resuelto nuestros problemas.

¿Son muy diferentes los jóvenes de ahora a los de hace 20 años?

– En el fondo del fondo, no. El adolescente siempre se ha identificado por oposición, pero hoy día hay más factores de riesgo cerca de su mano. Un anuncio de Cruz Roja decía: ‘Si tú eres rebelde, nosotros te damos una causa’. En gran medida el problema es que hemos perdido las causas y rebeldes vamos a seguir siéndolo igual.

¿Y han cambiado los padres?

– Los padres creo que sí. Ahora estamos mucho más ocupados y nos faltan horas para dedicarlas a nuestros hijos. No tengo tiempo es la frase más usada hoy día y los niños necesitan tiempo. Aunque la crisis significó que a veces se estuviera desocupado, también trajo otros problemas que complicaba más el cuadro porque el estrés que antes venía del trabajo ahora viene de no tenerlo.

¿De qué herramientas disponen?

– En primer lugar, del amor, pero trasladado a los hijos en todas las formas posibles. Se ha de manifestar y se ha de hablar. No hay crecimiento sin besos. También la disciplina, que viene de la palabra discípulo, es decir, ‘sígueme’. En tercer lugar, las raíces. La sensación de pertenencia ayuda muchísimo a todo y, cuando se confía en una persona, se hace confiable. Además, está la información para transmitir los valores, que debe ser bidireccional. A los hijos hay que dejarles comunicar.

Fuente: Sergio Llamas. El Correo Margen Izquierda.