“El sistema educativo se tendría que construir pensando en el desarrollo de los niños.” Richard Gerver

Qué y cómo aprender en la escuela es una cuestión clave para el desarrollo de las generaciones futuras y es motivo de múltiples y variadas reflexiones en todo tipo de contextos. A diario, gracias a la magia de las redes sociales y al trabajo incansable de miles de profesionales de la educación, podemos leer, debatir, compartir y comentar muchas experiencias y teorías educativas, con las que no siempre se está de acuerdo, pero que nos enriquecen.

Hoy os propongo algo distinto. Más allá de las grandes metodologías didácticas, os propongo pensar en esas cosas que no cuestan mucho y dan resultados fantásticos. En esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos y pueden hacer que el clima de aprendizaje en el aula sea el adecuado, que la actitud de los alumnos y alumnas para el aprendizaje sea la más propicia para alcanzarlo, que la relación docente/alumno sea fluida y respetuosa.

Dice Juanjo Vergara (@juanjovergara) que los alumnos, y nosotros mismos, aprendemos porque queremos, cuando sentimos la necesidad de conocer. Os propongo 10 cosas que todos los alumnos y alumnas merecen y que ningún docente debería dejar de darles para facilitar que sientan esa necesidad de conocer:

1. Confianza, que se crea en ellos. Todo alumno merece que el docente crea en él, que lo trate como si tuviera el potencial necesario para hacer cosas maravillosas. Solo así un alumno puede alcanzar su máximo talento y tener la oportunidad de perseguir sus sueños.

2. Ser escuchados. En general, a los niños y niñas se le oye mucho, pero se les escucha poco. Es hora de que tengan voz, que se tengan en cuenta sus necesidades, sus intereses, sus motivaciones.

3. Participar activamente. Si lo que se propone en el aula parte de sus intereses, los alumnos y alumnas deben ser partícipes de la organización y la realización de las actividades que se llevan a cabo.

4. Recibir sonrisas. Todos los alumnos y alumnas debería recibir, al menos, una sonrisa en cada clase. Crear un clima afectivo y alegre facilita un ambiente propicio para aprender y para convivir.

5. Escuchar cosas amables y constructivas. Dirigirse a los alumnos y alumnas con un lenguaje positivo, que destaque lo bueno y que no estigmatice con negatividad, también es un elemento imprescindible para un buen ambiente de aprendizaje y de convivencia.

6. Ser mirados a los ojos. Un alumno que siente la mirada de su profesor, siente a su vez que es participe de lo que está sucediendo en el aula. Además, si la mirada es el espejo del alma, el contacto visual facilita la conexión a nivel emocional.

7. Saciar su curiosidad y creatividad. La actividad de los docentes debe ir encaminada a que los alumnos y alumnas aprovechen su curiosidad para aprender y su creatividad para tener una mirada disruptiva.

8. Permitir que aprendan de sus errores. No es bueno que a los alumnos y alumnas se les ponga todo fácil “para que no se frustren”. Debe permitirse que pierdan el miedo a equivocarse, a probar cosas nuevas, a hacer las cosas a su manera.

9. Inclusión. Es obligación de todo docente que se haga todo lo posible para evitar la exclusión del sistema del cualquier alumno o alumna. Que no se les seleccione con criterios arbitrarios debería ser un objetivo prioritario en la escuela del siglo XXI.

10. Aprender más allá de aprobar. Como conclusión, todos los alumnos y alumnas merecen que se les enseñe más allá de aprobar, que su paso por la escuela les proporcione los conocimientos, las destrezas y las habilidades necesarias para tener éxito (a todos los niveles) en la vida.

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